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Síndrome metabólico: qué es, cómo se diagnostica y cómo prevenirlo

Actividad física para prevenir el síndrome metabólico

El síndrome metabólico no es una sola enfermedad, sino un conjunto de alteraciones que, cuando aparecen juntas, aumentan de forma importante el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular, como el infarto o el accidente cerebrovascular.

¿Cuáles son sus componentes?

Según los criterios internacionales más utilizados, se habla de síndrome metabólico cuando una persona presenta tres o más de las siguientes alteraciones:

  • Perímetro abdominal aumentado (el valor de referencia depende del sexo y de la población).
  • Triglicéridos iguales o mayores a 150 mg/dL, o estar en tratamiento para ellos.
  • Colesterol HDL bajo: menor de 40 mg/dL en hombres o de 50 mg/dL en mujeres.
  • Presión arterial igual o mayor a 130/85 mmHg, o estar en tratamiento para la hipertensión.
  • Glucosa en ayunas igual o mayor a 100 mg/dL, o estar en tratamiento para la glucosa elevada.

¿Por qué es tan importante detectarlo?

La mayoría de sus componentes no producen síntomas durante años. Por eso muchas personas descubren que lo tienen solo cuando aparece una complicación. Detectarlo a tiempo permite intervenir cuando los cambios de hábitos y el tratamiento tienen mayor impacto.

El síndrome metabólico también se asocia con el hígado graso, la resistencia a la insulina, el ácido úrico elevado y la apnea del sueño, entre otras condiciones.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico es sencillo: una consulta médica con medición de la presión arterial, el peso y el perímetro abdominal, y exámenes de sangre como la glucosa en ayunas y el perfil de lípidos. Tu médica puede solicitar estudios adicionales según tu caso.

¿Cómo prevenirlo o mejorarlo?

  • Alimentación: prioriza verduras, frutas, legumbres, granos integrales y grasas saludables; reduce los ultraprocesados, las bebidas azucaradas y el exceso de harinas refinadas.
  • Actividad física: la Organización Mundial de la Salud recomienda al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada en adultos.
  • Peso: incluso una reducción moderada del peso corporal mejora la presión arterial, la glucosa y los lípidos.
  • Descanso y estrés: dormir bien y manejar el estrés también influyen en el metabolismo.
  • Tabaco y alcohol: dejar de fumar y moderar el alcohol reduce el riesgo cardiovascular.

Cuando los cambios de estilo de vida no son suficientes, existen tratamientos médicos para controlar cada uno de los componentes. Lo importante es un plan personalizado y un seguimiento constante.

Este contenido es informativo y no reemplaza la valoración médica. Si tienes síntomas o dudas sobre tu salud, consulta con tu médico.

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